EL MINDFULNESS Y SUS BENEFICIOS

A la mayoría de nosotros nos gustaría ser felices, pero la realidad es que vivir no es algo fácil. Se nos presentan multitud de contratiempos, preocupaciones y situaciones difíciles de resolver a lo largo del día. ¿Por qué es tan complicado ser feliz? Tal vez sea porque no estamos programados para ello. Nuestro cerebro ha evolucionado para sobrevivir, pero la evolución no se preocupa de que disfrutemos de esta supervivencia. De hecho, nuestros cerebros, aunque maravillosos, nos juegan muy malas pasadas. Afortunadamente, podemos aprender habilidades para que también se potencien nuestra capacidad de ser felices.
La atención plena es una de esas habilidades. Se desarrolló a lo largo de miles de años de evolución cultural como antídoto contra los hábitos naturales de nuestros corazones y nuestras mentes, que tornan la vida en algo mucho más difícil de lo que debería ser. La atención plena es una actitud concreta hacia la experiencia, o una manera de relacionarnos con la vida, que ofrece la promesa tanto de aliviar nuestro sufrimiento como de convertir la vida en una realidad rica y plena de sentido. Y lo consigue poniéndonos en sintonía con nuestra experiencia momento-a-momento y haciéndonos ver que nuestras mentes crean una angustia innecesaria.
Las distintas culturas han desarrollado sus propias maneras de cultivar la plena conciencia, todas ellas conformadas por visiones filosóficas o religiosas concretas. Y, a pesar de sus enfoques diferentes, todas se han desarrollado para hacer frente a dificultades psicológicas parecidas a aquéllas a las que nos enfrentamos actualmente. En Oriente, la plena conciencia se desarrolló en las tradiciones hinduista, budista, taoísta y otras como un componente asociado a las prácticas del yoga y la meditación, todo ello encaminado a liberar la mente de hábitos malsanos. En Occidente, la plena conciencia es un elemento presente en muchas prácticas –judías, cristianas, musulmanas e indigenistas americanas– destinadas a fomentar el crecimiento espiritual.
Durante la última década aproximadamente, numerosos investigadores y profesionales de la salud mental han descubierto que las prácticas de atención plena o mindfulness, pueden mejorar prácticamente cualquier tipo de sufrimiento psicológico, desde las preocupaciones cotidianas, la insatisfacción y otros hábitos neuróticos hasta problemas más serios relacionados con la ansiedad, la depresión, el abuso de substancias y las situaciones que éstos comportan. Se han demostrado útiles asimismo para potenciar relaciones interpersonales así como para fomentar la felicidad en general. La investigación y la práctica clínica están empezando a demostrar lo que las antiguas culturas vienen proclamando desde hace mucho tiempo; a saber, que el mindfulness ofrece una visión profunda de lo que causa nuestra aflicción y propone maneras eficaces de aliviarla. Felizmente para nosotros, es una habilidad que puede aprenderla prácticamente todo el mundo.
Existen varias maneras de cultivar la atención plena sin excesiva dedicación de tiempo. Podemos aprender a desarrollarla mientras estamos realizando nuestras actividades normales y cotidianas, como por ejemplo pasear, conducir, ducharnos o fregar los platos. Pero si también podemos reservar con regularidad ciertos momentos para la práctica formal de la atención plena, podremos acabar sintiéndonos menos presionados y más capacitados para hacer frente a nuestras obligaciones en tanto en cuanto que la mente se nos va volviendo más despejada y el cuerpo menos estresado.

Eva González

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