¿Que es el Mindfulness o Atención plena?

¿Que es el Mindfulness o Atención plena?

Mindfulness o Atención plena es un constructo teórico que procede de las tradiciones orientales (especialmente del budismo) y de su reciente adaptación a la cultura y a la ciencia occidentales.

Una de las más conocidas definiciones de “mindfulness” es la de Jon Kabat-Zinn (1994), que afirma que “mindfulness significa prestar atención intencionadamente, en el momento presente y sin juzgar”.

Más que unas técnicas, podríamos decir que es un modo de vida.

Esta forma de prestar atención a lo que pasa momento a momento  sin juzgarlo, es una habilidad que poseemos todos (de hecho, en la infancia estamos muy en el momento presente viviéndolo con curiosidad) y que luego vamos perdiendo por no practicarla, pero como tal, se puede entrenar y volver a adquirir. Esto lo vamos a hacer fundamentalmente a  través de la meditación formal y también a través de prácticas más informales. Quiero dejar claro, que si bien la atención plena se entrena mediante la meditación, no todas las meditaciones son mindfulness.

En las prácticas formales lo que hacemos principalmente es escoger algo como un “ancla” al presente y ponemos el foco de atención en ella. Este ancla puede ser cualquier cosa que este ocurriendo en el momento presente: la respiración, un sonido, una sensación corporal, etc. A partir de ahí observamos lo que surja (ya sean sensaciones, pensamientos, emociones…) sin emitir un juicio sobre ello, dándonos cuenta de que son sucesos impermanentes y dejándolos ir para volver después a anclarnos al presente para continuar el proceso. De este modo, seremos conscientes de la experiencia, aceptando lo que viene sin reaccionar.

Este aceptar sin reaccionar es clave en la regulación emocional. Poder estar en las emociones, sin hacer lo que estas instintivamente nos dicen que hagamos nos permite responder a lo que nos suceda en el día a día de una forma más sabia o equilibrada. La dificultad para regular emociones está presente en muchos trastornos, por lo que, conseguir que el cliente sepa manejarlas es algo imprescindible.

Otro factor a tener en cuenta es que, al anclarnos al presente y no meternos en el contenido de nuestra mente que suele vagar por el pasado y el futuro, conseguimos bajar nuestro nivel de estrés, ya que si lo que nos demanda el ambiente es solo lo que existe en ese momento y no la suma de eso y la cantidad de contenidos mentales que creamos (pasado y futuro) nos sentiremos mucho mas capaces para poder solventar cualquier problema que se pueda dar. De ahí que el primer programa basado en Mindfulness fuera para la reducción de estrés.

Uno de los puntos a destacar de la Atención plena es el “no juicio”, tanto para las experiencias, lo que nos ayudará a relacionarnos de otro modo con el mundo, sin evitar todo lo que no nos gusta; como para los que sentimos las experiencias, es decir, nosotros mismos. De este modo dejamos la autocrítica y la culpa fuera y nos tratamos de una forma más amable y compasiva. Esta forma compasiva de tratarnos a nosotros mismos si la llevamos a los demás también conseguirá  que tengamos mejores relaciones

Las prácticas informales serian hacer todas aquellas cosas que hacemos cotidianamente, pero atendiendo a lo que estamos haciendo, y como nos sentimos y pensamos al hacerlo, sin dejarnos llevar a otros mundos no presentes en el momento (preocupaciones, etc). Seria, ducharse duchándose, fregar fregando, etc.

Durante los últimos 30 años, se han hecho investigaciones científicas sobre el efecto del mindfulness y se ha encontrado que su práctica también mejora la función del sistema inmunológico y puede incluso causar cambios estructurales en el cerebro (de hecho está demostrado que su práctica constante engrosa la corteza prefrontal que es la que se encarga de la regulación emocional).

En el campo de la psicología, la atención plena se ha encontrado eficaz en el tratamiento de los síntomas asociados a una amplia variedad de trastornos, incluyendo la depresión, ansiedad, TOC, adicciones, trastornos alimentarios, dolor crónico, trastorno postraumático, y trastorno límite de la personalidad.

Además algunos psicoterapeutas como Daniel Siegel (2010) llegan a afirmar que “la práctica de la atención plena puede considerarse el entrenamiento básico para la mente de cualquier terapeuta”, ya que le permite estar en sintonía con el paciente, con esa actitud compasiva, inherente al Mindfulness que es imprescindible en la relación con  ellos. Y desde luego, hay que practicarlo personalmente si se quiere aplicar en la clínica con los pacientes. De hecho muchos terapeutas comienzan a aplicarlo a sus pacientes al ver los resultados en su práctica diaria, ya que es beneficioso para cualquier persona, sufra algún trastorno o no.

Eva González Alvarez

 

Como funciona nuestro cerebro

Como funciona nuestro cerebro

Últimamente, me resulta muy útil explicar a muchos de mis pacientes como funciona el cerebro para entiendan un poco mejor que es lo que les pasa con sus emociones. Esto es lo que les cuento:

Siempre hemos oído hablar de que poseemos dos hemisferios cerebrales: el derecho, que es intuitivo, visual, emocional, espacial y táctil…y el izquierdo que es verbal, racional, secuencial… El hemisferio derecho es el que se desarrolla primero en el útero, y transmite la comunicación no verbal entre las madres y sus hijos. El hemisferio izquierdo se conecta cuando los niños empiezan a comprender el lenguaje y aprenden a hablar. Esto les permite nombrar las cosas, compararlas, comprender sus interrelaciones y empezar a comunicar sus experiencias únicas y subjetivas a los demás. En circunstancias normales, ambos lados del cerebro funcionan conjuntamente de manera más o menos fluida, incluso en las personas en las que un lado predomina más que el otro.

Otra forma de ver el cerebro y sus funciones es respecto a su evolución. El cerebro ha ido evolucionando y esta evolución es claramente visible en el mismo (ver imagen). El cerebro se construye desde abajo. Se desarrolla nivel a nivel en cada niño en el útero, como durante la evolución. La parte más primitiva, la parte que ya está conectada cuando nacemos, es el llamado cerebro reptiliano. Se encuentra en el tronco cerebral, justo encima del lugar en el que la médula espinal entra en el cráneo. El cerebro reptiliano es el responsable de todo lo que pueden hacer los recién nacidos: comer, dormir, despertar, llorar, respirar; notar la temperatura, el hambre, la humedad y el dolor; y liberar el cuerpo de toxinas orinando y defecando. El tronco cerebral y el hipotálamo (que se encuentra directamente encima) controlan conjuntamente los niveles de energía del cuerpo. Coordinan el funcionamiento del corazón y de los pulmones y también los sistemas endocrino e inmunológico, garantizando que estos sistemas básicos para la vida se mantengan en un equilibrio estable.

cerebro triuno

Justo encima del cerebro reptiliano se encuentra el sistema límbico. También se conoce como cerebro de los mamíferos, porque todos los animales que viven en grupo y que cuidan a sus crías tienen uno. El desarrollo de esta parte del cerebro realmente empieza cuando el bebé nace. Es el centro de las emociones, el monitor del peligro, el que dice lo que es agradable o desagradable, el que juzga lo que es importante o no para la supervivencia. El sistema límbico se conforma en función de la experiencia, junto con la propia composición genética del niño y su temperamento innato (como todos los padres con varios hijos saben, desde su nacimiento, los niños reaccionan con una intensidad y de una forma diferente ante acontecimiento similares). Todo lo que le sucede a un bebé forma parte del mapa emocional y perceptual del mundo que crea su cerebro en desarrollo.

Conjuntamente, el cerebro reptiliano y el sistema límbico componen lo que llamamos «cerebro emocional». Este cerebro está en el centro del sistema nervioso central, y su principal tarea es buscar nuestro bienestar. Si detecta el peligro o una oportunidad especial nos avisa liberando un chorro de hormonas. Las sensaciones viscerales resultantes interferirán con todo aquello en lo que la mente esté centrada y harán que nos movamos (física y mentalmente) en otra dirección. Aunque sean muy sutiles, estas sensaciones ejercen una gran influencia en las pequeñas y grandes decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida: lo que elegimos comer, dónde nos gusta dormir y con quién, la música que preferimos, si nos gusta la pintura o patinar, de quién nos hacemos amigos y a quién detestamos.

Y sobre el cerebro límbico estaría el neocortex, esta parte solo la poseen los humanos y algunos primates. Nos permite usar el lenguaje y el pensamiento abstracto. Nos capacita para absorber y asimilar grandes cantidades de información y asignarles significado. Nos permite planificar y reflexionar, imaginar y representar escenarios futuros. Y nos ayuda a predecir qué sucederá si realizamos una acción  o no.

Estos tres cerebros se pueden comunicar entre si y cuando trabajan en sintonía las cosas parecen ir bien.

La información sensorial sobre el mundo exterior nos llega a través de los ojos, la nariz, los oídos y la piel. Estas sensaciones convergen en el tálamo, una zona dentro del sistema límbico que actúa como el «cocinero» del cerebro. El tálamo mezcla toda la información de nuestras percepciones para preparar una sopa autobiográfica muy homogénea, una experiencia integrada y coherente de «esto es lo que me está sucediendo». Luego las sensaciones van en dos direcciones: hacia la amígdala (dos pequeñas estructuras en forma de almendra que están a un nivel más profundo en el sistema límbico, en el cerebro inconsciente) y hacia los lóbulos frontales, llegando a nuestro conocimiento consciente. La vía que va a la amígdala es más corta que la que va a los lóbulos frontales (llega a estos unos milisegundos mas tarde).

El cerebro emocional evalúa la información entrante de una manera más global. Como resultado, saca conclusiones a partir de parecidos aproximados, a diferencia del cerebro racional, que está organizado para ordenar conjuntos de opciones complejas (el ejemplo más típico sería saltar de miedo al ver una serpiente, para darnos cuenta después de que es simplemente una tira de una bolsa tirada en el monte). El cerebro emocional inicia planes de huida preprogramados, como las respuestas de lucha o huida. Estas reacciones musculares y fisiológicas son automáticas, se ponen en movimiento sin que lo pensemos o lo planifiquemos, haciendo que nuestras capacidades conscientes y racionales las alcancen después, a menudo mucho después de que la amenaza haya pasado. El que la vía mas corta pase por la amígdala primero tiene mucho sentido. La amígdala, es como un detector de humos. La amígdala procesa la información que le llega y decide si esta pone en compromiso la supervivencia de la persona. Lo hace de manera rápida y automática, con la ayuda del retorno del hipocampo, una estructura cercana que relaciona la nueva información con las experiencias del pasado. Cuando la amígdala percibe una amenaza (por ejemplo, un choque potencial con un vehículo) manda un mensaje instantáneo al hipotálamo y al tronco cerebral, recurriendo al sistema de hormonas del estrés y al sistema nervioso autónomo (SNA) para dirigir una respuesta a nivel de todo el cuerpo. Para cuando nos damos cuenta de lo que está sucediendo, nuestro cuerpo puede que ya esté en movimiento. Las señales de peligro de la amígdala desencadenan la liberación de potentes hormonas del estrés, como  el cortisol y  la adrenalina, que hacen aumentar el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y el ritmo de la respiración, preparándonos para luchar o para escapar. Una vez que el peligro ha pasado, el cuerpo vuelve a su estado normal bastante rápidamente.

Si la amígdala es el detector de humo del cerebro, los lóbulos frontales (y concretamente la corteza prefrontal medial) situados directamente encima de nuestros ojos, podrían ser la torre de vigilancia, que ofrece una visión de la escena desde las alturas. El humo que estamos oliendo: ¿es la señal de que se nos está quemando la casa y tenemos que salir corriendo, o procede del filete que estamos cocinando? La amígdala no hace estas valoraciones; solo nos prepara para luchar o escapar, incluso antes de que los lóbulos frontales puedan ponderarlo con su evaluación. Siempre y cuando no estemos muy alterados, los lóbulos frontales pueden restaurar el equilibrio y ayudarnos a darnos cuenta de que estamos respondiendo a una falsa alarma y abortar la respuesta de estrés.

Generalmente, las capacidades ejecutivas de la corteza prefrontal nos permiten observar qué está sucediendo, predecir qué sucederá si realizamos una acción determinada y tomar una decisión consciente. Ser capaces de analizar tranquila y objetivamente nuestras ideas, sentimientos y emociones, es decir, tomar conciencia de ellos y luego tomarnos el tiempo necesario para responder permite al cerebro ejecutivo inhibir, organizar y modular las reacciones automáticas preprogramadas en el cerebro emocional (regulación emocional). Esta capacidad es crucial para preservar nuestras relaciones con el resto de los seres humanos. Mientras nuestros lóbulos frontales funcionen correctamente, es improbable que perdamos los nervios cada vez que tengamos un contratiempo (la torre de vigilancia también nos dice que la ira de los demás y las amenazas dependen de su estado emocional). Cuando este sistema falla, nos convertimos en animales condicionados: en el momento en que detectamos peligro, automáticamente nos ponemos en modo de lucha o huida.

El manejo efectivo del estrés depende del equilibrio entre el detector de humo y la torre de vigilancia (o lo que es lo mismo, de la comunicación efectiva entre neocortex y cerebro emocional). Si queremos gestionar mejor nuestras emociones podemos aprender a hacerlo por dos vías: regulándolas de arriba abajo o de abajo arriba.

La regulación de arriba abajo implicaría reforzar la capacidad de la torre de vigilancia (corteza prefrontal) para supervisar nuestras sensaciones corporales. La meditación consciente (Mindfulness) y el yoga nos pueden ayudar a hacerlo. Y la regulación de abajo arriba significaría recalibrar el sistema nervioso autónomo a través de la respiración, del movimiento o del tacto.

Eva Gonzalez

LA PERFECCIÓN IMPERFECTA

LA PERFECCIÓN IMPERFECTA

En consulta recibo a muchos pacientes con la idea de que deben ser perfectos. ¿Y realmente podemos afirmar que existe la perfección? La respuesta es NO.
El sentir que debemos ser perfectos pone en marcha a nuestro critico interior, aquel que nos va diciendo en que nos hemos equivocado o como deberíamos haber hecho algo.
En principio todos pensamos que está bien tener a este crítico con nosotros. Es bueno saber cuándo te equivocas. Y si, no puedo negar eso. Lo malo es que nuestro crítico no suele ser alguien que nos habla con amabilidad, apuntando con voz cariñosa lo que hemos hecho mal y dándonos soluciones para la próxima vez que nos enfrentemos a esa tarea. No, nuestro crítico suele ser despiadado, nos insulta, nos habla bruscamente, nos grita a veces (escuchadle y daos cuenta…). ¿Y como nos sentimos ante alguien que nos trata de esa manera? La respuesta de mis pacientes es “muy mal”. Si, nos sentimos no validos, ineptos, dolidos…porque además el crítico no soluciona…solo critica. Con lo cual el querer ser perfecto y como es habitual, utilizar el crítico que llevamos dentro para tal fin a lo máximo que nos puede acercar es a sentir que no podemos, a tener la autoestima por los suelos.
Tened en cuanta que la perfección exige un 10. Y un 9 o un 8 no son el 10. Luego no nos movemos en una escala de 1 a 10 sino en una de o todo o nada. Solo voy a estar satisfecho con el todo (10)…y ¡¡¡cuantas posibilidades hay de que se dé la nada (1-9)!!!
Así que, tenemos que ser conscientes de que la perfección no existe y perseguirla solo nos puede llevar a sentirnos fracasados. Podemos, eso sí, esforzarnos para ser mejores, pero teniendo en cuenta nuestras limitaciones, que las tenemos, porque como decía Seneca “Errarum, humanun est” (Es propio a la naturaleza humana equivocarse). Así que, adoptar una postura más compasiva hacia nosotros mismos, valorando lo bueno y siendo conscientes de las imperfecciones, nos puede llevar a que nuestra autoestima sea más fuerte y nos sintamos más felices. Cambiar la voz de nuestro crítico, por aquella de la que hablaba más arriba, que nos habla con cariño, entendiendo nuestras dificultades y animándonos a ser mejores cuando podamos y a reconocer nuestras limitaciones en algunos aspectos, puede ser la clave para ello.

Además, reconocer nuestras limitaciones e imperfecciones nos ayuda a mirar con comprensión y compasión a quienes nos rodean. La conciencia sobre nuestras propias dificultades puede ayudarnos a no juzgar a los demás apresuradamente, y a empatizar y comprender su situación, conectándonos con nuestra humanidad compartida. Si creemos tener la razón o si juzgamos a otros como si nosotros estuviéramos libres de cometer errores, es mucho más fácil adoptar una actitud arrogante y de poca apertura hacia los demás, mientras que si asumimos nuestras propias imperfecciones y aprendemos a relacionarnos con ellas de un modo amable, podemos ser mucho más humildes y afectuosos con quienes nos rodean y mejorar nuestra relación con ellos.

Eva Gonzalez

EL MIEDO A SENTIR.  LAS RESISTENCIAS EMOCIONALES.

EL MIEDO A SENTIR. LAS RESISTENCIAS EMOCIONALES.

¿Tienes miedo a sentir emociones que te producen malestar o hay emociones que te producen un gran rechazo? ¿Sientes que te desbordas habitualmente en múltiples situaciones cotidianas? O por el contrario ¿te sientes cohibido, como preso, de las distintas situaciones del día a día? Si es así, quizá te sea útil leer este artículo y comenzar a reconciliarte con lo que sientes, es decir con tu propia persona.

Las creencias erróneas acerca de nuestras propias emociones nos juegan en muchas ocasiones malas pasadas a la hora de enfrentar los problemas que se nos presentan. En nuestra sociedad está instaurada desde mucho tiempo la idea del “ser racional” como un ser que separa todas las emociones para poder decidir, con lo que se han instaurado mecanismos de defensa para inhibir aquello que sentimos y “no pasarlo mal”. Desde muy pequeños nos proporcionan mensajes para controlar las emociones inhibiendo su expresión como si sentir fuera malo. Por ejemplo cuando nos caemos al suelo enseguida viene alguien corriendo para decirnos “no llores, ya pasó”, a veces incluso “no es nada”, “no exageres”…. En vez de frases como “es normal que llores, te has hecho daño” o dejar que llore mientras se está  presente con contacto o no dependiendo de la persona y ayudarle a controlar su respiración para irse calmando. Los primeros mensajes nos dicen llorar es malo, lo que es lo mismo que sentir es malo.

Poco a poco, al final se genera una intolerancia a las emociones que generan malestar, por tanto, se va apoderando en nosotros un miedo a sentir aquello que no nos gusta. Hacemos caso omiso a lo que nos quiere decir lo que sentimos con lo cual comenzamos a ponernos barreras entre lo que pensamos y lo que sentimos generando una lucha en nuestro interior y, en consecuencia, una insatisfacción general con nosotros mismos.  Y, yendo más allá, a veces se genera la propia exigencia de no sentir, como si eso fuera algo posible.

Frases como “no te preocupes”, “todo va a salir bien”, “tienes que animarte”, no  hacen otra cosa que empeorar la situación ya que proporcionan unos segundos de calma con la idea de poder sentir otra cosa a la que sentimos en ese momento. Muchas veces ni siquiera genera eso si no rechazo hacia la ayuda que nos ofrece la persona que nos habla de esa manera, puesto que no nos sentimos escuchados. Pues lo mismo pasa con nosotros mismos cuando nos hablamos desde la minimización de nuestras propias emociones, invalidándolas  y no dándolas la importancia que se merecen.  Además solemos ser más dañinos cuando nos damos mensajes para intentar calmar la emoción, no nos conformarnos con minimizar la emoción sino que además nos machacamos por sentirlas, “esto es una tontería”, “parezco idiota por sentir así”…

Cuando sentimos emociones tales como miedo, enfado, tristeza… tendemos a querer eliminarlas de un plumazo  por lo que significa esas emociones desde nuestras propias creencias, y por el propio malestar que nos supone tenerlas. En mi experiencia en clínica he observado que en muchas personas gran parte de la complicación de su problemática viene dada por el rechazo a lo que sienten lo que les lleva a un gran sufrimiento. Resulta  necesario enseñarlas a respetar y tolerar sus propias emociones ya que las emociones, si no se luchan, se observan y se aceptan tales como vienen tienden a bajar su intensidad permitiendo tomar las decisiones más acordes a lo que necesitamos, haciéndonos más responsables de nuestra propia vida. Paradójicamente a lo que dice la sociedad, obtenemos mucho mayor control sobre nuestra persona.

EJEMPLOS DE RESISTENCIAS EMOCIONALES son; cuando tiendo a estar enfadado continuamente y rara vez siento tristeza o viceversa. Seguramente cuando sientes la mayor parte del tiempo enfado entre tus creencias está sentirte más vulnerable o débil y  si sientes está emoción tenderás a enfadarte contigo mismo. En el segundo ejemplo, cuando tiendas a sentirte triste y rara vez experimentes enfado seguramente tenderás a sentir una especie de pérdida de bondad que te entristecerá.

Quizá entre tus creencias existe la idea de que sentir enfado es de “persona mala” pues se suele asociar el enfado a violencia, y no tiene por qué ser así, el enfado puede expresarse de muchas maneras. Además si tiendes a expresarlo con violencia  primero tendrás que aprender a regularlo aprendiendo a bajar la intensidad del mismo.  Es más, probablemente llegaras a actuar  explotando  si te has dedicado a inhibirlo y no expresarlo durante mucho tiempo. Ya que el enfado funciona como una olla express si se le tapa la válvula de escape,  y cualquier situación actuará de gota que desborde el vaso.

Cuando sientas malestar, recuerda que las emociones siempre tienen una función y nos están indicando algo. El enfado nos indica que hay algo que nos  parece justo o nos gusta, la tristeza que hemos experimentado algún tipo de pérdida de algo valorado como por ejemplo si cometemos un error en el trabajo una pérdida de eficacia…,  el miedo nos indica una posible amenaza, el asco la posibilidad de que algo o el comportamiento de alguien sea nocivo para nuestra salud, la alegría una ganancia… Esto significa que ninguna emoción es negativa en sí misma, son más amigas que enemigas puesto que el enfado nos puede movilizar ante una injusticia, el miedo nos puede salvar la vida, la tristeza nos puede ayudar a superar una pérdida ya que nos aliviará, los demás tenderán a apoyarnos y nos dejará coger energías de nuevo para enfrentarnos a la situación con las nuevas circunstancias, de ahí viene la sensación de pesadez corporal.

¿QUÉ PUEDES HACER CUANDO SIENTAS ALGUNAS DE ESTAS EMOCIONES Y NOTES QUE TE INVADE?

  1. Tomar cierta distancia de la situación que la está provocando, en el caso de enfado salir de la habitación donde se discute avisando a la personas que necesitas unos momentos para calmarte.
  2. Escuchar tus emociones, fijarte en que parte del cuerpo la sientes…
  3. Aceptar que sientes eso sin juzgarte por ello, sentir es normal.
  4. Respirar más lento y/o distraerte un momento hasta que baje la emoción sin invalidarla. Distraerse un poco especialmente en el caso del enfado, porque suelen venir pensamientos que me enfadan mucho más y a lo mejor están desproporcionados a la situación. El fin con  la distracción no es eliminar la emoción, es esperar que baje un poco para poder tomar conciencia de lo que ha pasado.
  5. Escuchar también tus pensamientos y lo que te estás diciendo, quizá lo que te digas te esté cabreando, entristeciendo o agrandando tu miedo más…
  6. Cuando la emoción esté más regulada ahora si es el momento de analizar si había una amenaza real, si lo que te ha enfadado era una interpretación tuya o era importante para ti.
  7. Ahora si puedes tomar decisiones al respecto, respetando lo que se ha sentido o se siente, y pudiendo hablar de una forma más calmada y asertiva con las personas implicadas si así lo decides.

 

Esto en muchas ocasiones no resulta tarea fácil porque el aprendizaje hasta el momento era otro. Tomate tu tiempo para ir aprendiendo otras formas de relacionarte con tus propias emociones y si aun intentándolo observas que te desbordas bastante a menudo quizá puede ser oportuno buscar ayuda profesional al respecto.

Rocio Peces

EL MINDFULNESS Y SUS BENEFICIOS

EL MINDFULNESS Y SUS BENEFICIOS

A la mayoría de nosotros nos gustaría ser felices, pero la realidad es que vivir no es algo fácil. Se nos presentan multitud de contratiempos, preocupaciones y situaciones difíciles de resolver a lo largo del día. ¿Por qué es tan complicado ser feliz? Tal vez sea porque no estamos programados para ello. Nuestro cerebro ha evolucionado para sobrevivir, pero la evolución no se preocupa de que disfrutemos de esta supervivencia. De hecho, nuestros cerebros, aunque maravillosos, nos juegan muy malas pasadas. Afortunadamente, podemos aprender habilidades para que también se potencien nuestra capacidad de ser felices.
La atención plena es una de esas habilidades. Se desarrolló a lo largo de miles de años de evolución cultural como antídoto contra los hábitos naturales de nuestros corazones y nuestras mentes, que tornan la vida en algo mucho más difícil de lo que debería ser. La atención plena es una actitud concreta hacia la experiencia, o una manera de relacionarnos con la vida, que ofrece la promesa tanto de aliviar nuestro sufrimiento como de convertir la vida en una realidad rica y plena de sentido. Y lo consigue poniéndonos en sintonía con nuestra experiencia momento-a-momento y haciéndonos ver que nuestras mentes crean una angustia innecesaria.
Las distintas culturas han desarrollado sus propias maneras de cultivar la plena conciencia, todas ellas conformadas por visiones filosóficas o religiosas concretas. Y, a pesar de sus enfoques diferentes, todas se han desarrollado para hacer frente a dificultades psicológicas parecidas a aquéllas a las que nos enfrentamos actualmente. En Oriente, la plena conciencia se desarrolló en las tradiciones hinduista, budista, taoísta y otras como un componente asociado a las prácticas del yoga y la meditación, todo ello encaminado a liberar la mente de hábitos malsanos. En Occidente, la plena conciencia es un elemento presente en muchas prácticas –judías, cristianas, musulmanas e indigenistas americanas– destinadas a fomentar el crecimiento espiritual.
Durante la última década aproximadamente, numerosos investigadores y profesionales de la salud mental han descubierto que las prácticas de atención plena o mindfulness, pueden mejorar prácticamente cualquier tipo de sufrimiento psicológico, desde las preocupaciones cotidianas, la insatisfacción y otros hábitos neuróticos hasta problemas más serios relacionados con la ansiedad, la depresión, el abuso de substancias y las situaciones que éstos comportan. Se han demostrado útiles asimismo para potenciar relaciones interpersonales así como para fomentar la felicidad en general. La investigación y la práctica clínica están empezando a demostrar lo que las antiguas culturas vienen proclamando desde hace mucho tiempo; a saber, que el mindfulness ofrece una visión profunda de lo que causa nuestra aflicción y propone maneras eficaces de aliviarla. Felizmente para nosotros, es una habilidad que puede aprenderla prácticamente todo el mundo.
Existen varias maneras de cultivar la atención plena sin excesiva dedicación de tiempo. Podemos aprender a desarrollarla mientras estamos realizando nuestras actividades normales y cotidianas, como por ejemplo pasear, conducir, ducharnos o fregar los platos. Pero si también podemos reservar con regularidad ciertos momentos para la práctica formal de la atención plena, podremos acabar sintiéndonos menos presionados y más capacitados para hacer frente a nuestras obligaciones en tanto en cuanto que la mente se nos va volviendo más despejada y el cuerpo menos estresado.

Eva González

ALIMENTACIÓN CONSCIENTE

ALIMENTACIÓN CONSCIENTE

La alimentacion consciente va a la raíz de los problemas en la elección de una dieta, comportamientos alimentarios, peso corporal y todo lo relacionado con ello.

¿Qué puedes conseguir alimentandote conscientemente?

  • Disfrutar mas de la comida y cambiar tu relación con ella.
  • Comer de todo pero comiendo menos.
  • Cambiar tus hábitos de alimentación.
  • Aprender a reconocer y tomar conciencia de las sensaciones de tu cuerpo. ¿Tengo hambre o es solo apetito?
  • Disminuir tu nivel de estrés.
  • Ser mas consciente de como influyen tus emociones en tu forma de comer y aprender a manejarlas.
  • Romper la relación entre ciertos pensamientos automáticos (no conscientes) y el impulso de comer.
  • Aumentar el ejercicio físico.
  • Aceptar tu imagen corporal y tratarte mejor.

En la actualidad, se publicitan muchas dietas que ofrecen pérdidas de peso muy superiores a las que organismo puede aceptar y todas ellas son igualmente ineficaces para control del peso a largo plazo. Sus efectos a corto plazo se explican por lo que tienen en común, esto es, la reducción del consumo total de calorías, que se puede conseguir de formas muy diversas

En conjunto los resultados de diversas investigaciones epidemiológicas también han llegado a la conclusión de que el 95 por 100 de las personas que pierden peso lo recuperarán entre uno y cinco años más tarde.

La  Alimentación Consciente se basa en la premisa de que todo el mundo contiene la sabiduría que necesita para mantener su salud y peso óptimos. El problema es que estamos fuertemente condicionados por nuestras emociones, y el estrés, la tensión, el aburrimiento, la tristeza, la culpabilidad, hacen que veamos la comida como un enemigo a vencer en vez de cómo el aliado que tiene que ser.
El hambre pierde su función y empezamos a movernos por el apetito para saciar nuestras emociones y en este cambio tienen mucho que ver los medios de comunicación.

Afortunadamente, el Mindfulness o  atención plena tiene el poder de eliminar el estrés, sanar y equilibrar el cuerpo, el corazón y la mente, rescatando asi nuestra sabiduria corporal y darle vida de nuevo, de modo que podemos volver a comer de acuerdo a las necesidades de nuestro cuerpo.

Pero…¿qué es el Mindfulness o atención plena? Mindfulness o atención plena es el cultivo intencional de la atención momento a momento sin juzgar.

Por lo tanto la Alimentación Consciente, persigue intencionalmente ser más conscientes de las sensaciones corporales que tenemos al comer, de las señales asociadas con el hambre y la saciedad, y otras reacciones del cuerpo (emociones, pensamientos) que se dan cuando se está comiendo o relacionadas con la comida y el acto de comer.

El ser conscientes de todo lo que influye en nuestra forma de comer, de nuestros pensamientos, emociones y estados mentales, hábitos de compra e incluso de la influencia que tienen los medios de comunicación en todo ello, tiene potente beneficios. ¿Por qué? Porque con la consciencia se abre un espacio entre impulso y reacción. En ese espacio tenemos más posibilidades de elección, y más posibilidades de elegir significa más libertad.

Lamentablemente, la industria de las dietas ha olvidado el significado original de “dieta.” El origen de la palabra “dieta” es la antigua palabra griega diaita, que significa “forma de vida”. La mayoría de las dietas fallan  ya que no pretenden ser (o no son adecuados como) un “modo de vida”.
La Alimentación Consciente no prescribe ningún tipo o cantidad de comida. El ser consciente como modo de vida tampoco requiere un esfuerzo constante. La atención plena no implica fuerza de voluntad o esfuerzo, ni ser hiper-consciente de su dieta. El Mindfulness ofrece una forma completamente diferente de relacionarse con la comida sin inducir a que la culpabilidad te diga “Será mejor que vigile lo que como. Ya que no implica reglas, recetas o restricciones puede ser utilizado como coadyuvante en cualquier otro programa dietético o forma personal de comer.

Eva González